Hace ya bastantes años publiqué en Naturpixel un artículo con algunos consejos para viajar con cámara en avión. En su momento funcionó muy bien —y de hecho sigue posicionando—, pero con el paso del tiempo me he dado cuenta de que se ha quedado corto.
No porque lo que explicaba no sea correcto, sino porque hoy en día viajar con equipo fotográfico en avión implica tener en cuenta más cosas: normativas más estrictas, aerolíneas más exigentes y controles más habituales.
Después de muchos vuelos trabajando como fotógrafo en MotoGP —viajando por Estados Unidos, Indonesia, Malasia, Qatar o gran parte de Europa— he ido viendo cómo funciona esto en la práctica. Y hay diferencias entre lo que dicen las normas… y lo que realmente te puedes encontrar en un aeropuerto.
Si estás pensando en viajar con cámara en avión, todo esto te interesa más de lo que parece.
El equipo con el que viajo
Cuando se trata de viajar con cámara en avión con equipo ligero, casi cualquier consejo sirve. El problema empieza cuando necesitas viajar con equipo fotográfico en avión de forma profesional.
En mi caso suelo moverme con dos cuerpos de Fujifilm (una X-T4 y una X-S10), junto a tres objetivos que cubren prácticamente todo: un 10-24 ƒ/4, un 16-55 ƒ/2.8 y un 50-140 ƒ/2.8. A esto le sumo dos flashes Godox (V1 y V100), el MacBook Pro, un SSD SanDisk Extreme 2TB, una powerbank y unas diez baterías.
Todo el equipo lo meto dentro de una F-Stop Tilopa 50L DuraDiamond.
Y aquí está una de las decisiones clave: todo esto va conmigo en cabina, como equipaje de mano. Cuando se trata de llevar cámara en equipaje de mano, no es una manía, es una cuestión de riesgo. Hay elementos —especialmente baterías— que directamente no pueden ir en bodega, y el resto del equipo simplemente no está pensado para ese trato.
Baterías en avión: lo que dicen las normas y lo que pasa en realidad
Si estás pensando en viajar con cámara en avión, este es uno de los puntos más importantes.
Las normas internacionales establecen que las baterías de litio deben ir siempre en cabina, nunca facturadas. Además, existe un límite bastante claro: hasta 100 Wh se pueden transportar sin autorización, mientras que entre 100 y 160 Wh hay restricciones y por encima de eso están prohibidas en vuelos comerciales.
Esta es la base de la normativa de baterías en avión para cámaras, y la aplican la gran mayoría de aerolíneas como Iberia, Vueling, Qatar Airways o British Airways. Y es precisamente aquí donde mucha gente comete errores al viajar con cámara en avión.
En la práctica, esto se traduce en algo bastante sencillo: las baterías de cámara no suelen dar problemas, incluso llevando varias como es mi caso. Donde sí suelen fijarse más es en la powerbank, especialmente para comprobar la capacidad.
Yo suelo llevar unas diez baterías en un estuche dentro de la mochila, bien organizadas. Nunca he tenido problemas reales, pero sí es importante que todo esté ordenado y con las especificaciones visibles.
Lo que realmente pasa en los controles de seguridad
Más allá de la teoría, cuando te mueves mucho acabas viendo cómo funciona realmente viajar con cámara réflex o mirrorless en avión.
Lo habitual, cuando viajas con bastante equipo, es que te hagan abrir la mochila. En mi caso pasa bastante a menudo. Pero eso no implica problema: revisan el contenido, pasan algún control adicional y sigues adelante.
Solo en una ocasión me hicieron una inspección más completa, con test de residuos y pidiéndome que encendiera las cámaras y disparara algunas fotos para comprobar que todo era funcional.
Es más una cuestión de rutina que de sospecha. Si llevas el equipo bien organizado, todo fluye bastante rápido.
Drones, baterías LiPo y aduanas: lo que puede complicarte el viaje
Viajar con dron no suele ser un problema en el avión, pero sí puede serlo en destino. Hay países donde los drones están restringidos o directamente prohibidos, y pueden requisarlo en aduanas si no tienes los permisos necesarios.
Algunos ejemplos donde suele haber más problemas:
- Marruecos → directamente prohibidos para uso personal. Si entras con uno, es muy probable que te lo retiren en el aeropuerto.
- Egipto → muy restrictivo. Necesitas permisos específicos y no es habitual que los concedan a viajeros.
- India → regulado y controlado. Se requiere registro previo y cumplimiento de normativa local.
- Emiratos Árabes Unidos (Dubai, Abu Dhabi) → normativa estricta y zonas donde está completamente prohibido volar.
- Estados Unidos → permitido, pero obligatorio registrar el dron en la FAA y cumplir normativa aérea.
- Reino Unido y Europa → permitido, pero con normativa clara (registro de operador, identificación y limitaciones de vuelo).
Lo importante aquí no es memorizar todos los países, sino entender que puedes viajar sin problema con el dron… y tener problemas al entrar al país o al intentar volarlo.
Más allá del dron en sí, las baterías —especialmente las LiPo— requieren algo más de atención. A efectos de normativa aérea, se consideran baterías de litio, por lo que deben viajar siempre en cabina y nunca en equipaje facturado.
Si están por debajo de 100 Wh no suelen dar problemas, pero es importante transportarlas correctamente: protegidas, separadas y con los contactos aislados. En este tipo de baterías, más sensibles que las de cámara, es más habitual que en controles de seguridad las revisen con algo más de detalle.
El momento más delicado: cuando quieren que factures la mochila
Aquí es donde realmente se complica viajar con cámara en avión hoy en día.
Cada vez es más habitual que en la puerta de embarque intenten que factures el equipaje de mano, especialmente en vuelos llenos. Y para un fotógrafo, eso es un problema serio.
Me ha pasado. Me dijeron directamente que la mochila no podía subir a cabina. Y ahí tienes que decidir rápido.
En mi caso lo tuve claro: prefería pagar antes que dejar ese equipo en bodega. Al final, la situación se resolvió bien, pero es un momento en el que entiendes perfectamente el riesgo real de llevar equipo fotográfico en cabina.
Porque más allá de las normas, el mayor riesgo no es la normativa… es perder el control de tu equipo.
Cómo organizo la mochila para tener margen
Con el tiempo he ido afinando pequeños detalles que marcan la diferencia cuando toca viajar con equipo fotográfico en avión.
Todo el equipo va dentro de una ICU en la mochila, pero organizado de forma que puedo sacarlo rápidamente y convertirlo en un segundo bulto si hace falta.
No es algo que uses cada día, pero cuando aparecen limitaciones de peso o tamaño, tener esa opción te da margen para adaptarte sin tener que facturar.
Es una de esas decisiones que parecen menores… hasta que te salvan el viaje.
Trípode: útil, pero no siempre imprescindible
Cuando decides viajar con cámara en avión, el trípode es uno de esos elementos que generan dudas.
En mi caso, nunca he tenido problemas en controles por llevarlo. Pero sí es cierto que añade volumen y peso, y eso en avión siempre penaliza.
Por eso, dependiendo del viaje, a veces opto por facturarlo. Aun así, si puedo elegir, prefiero llevarlo conmigo al menos en el trayecto de ida. Es una forma de asegurar que llego con todo lo necesario.
Aduanas y viajes internacionales
Otro tema que suele preocupar bastante es el paso por aduanas cuando necesitas viajar con equipo fotográfico en avión a nivel profesional.
Después de bastantes viajes, mi experiencia es bastante clara: no he tenido problemas. He trabajado en varios países y nunca me han parado por el equipo.
Eso sí, siempre llevo una copia de las facturas en la nube (Google Drive). Nunca me las han pedido, pero el día que ocurra, prefiero tenerlo todo preparado.
Solo en una ocasión, en Andorra, tuve que hacer un ATA. Es un sistema válido, pero poco práctico: implica trámites y dinero bloqueado. Para la mayoría de situaciones, al menos en mi experiencia, no ha sido necesario.
La conclusión que no ha cambiado
Después de muchos vuelos viajando con cámara en avión, hay una idea que sigue siendo la misma cuando se trata de viajar con cámara en avión:
Viaja solo con lo imprescindible: lo que realmente sabes que vas a usar.
Es muy fácil caer en el “por si acaso”, pero todo lo que añades suma peso, volumen y posibles problemas.
Y en avión, cada pequeño detalle cuenta.