Hace unos días estuve en la HOUSE OF PHOTOGRAPHY de Barcelona porque tenía que grabar unos vídeos a Pedro Armestre explicando su exposición Impactos / Contacto.

Fui con mentalidad de producción: preparar planos, ajustar luz, cuidar el sonido. Pero, primero antes de empezar, y después al terminar, aproveché para hacer el recorrido completo como espectador de la exposición. Y ahí es donde entendí realmente la propuesta.

La exposición puede visitarse hasta el 21 de marzo y parte de una idea clara: una imagen no lo dice todo.

El recorrido está marcado (literalmente)

La muestra está articulada en dos tiempos. Lo interesante es cómo te obliga físicamente a vivirlos.

En el suelo hay unas líneas que marcan el recorrido y desde dónde debes mirar primero. Te colocas detrás de esa línea. Desde ahí ves las fotografías en gran formato, pero no alcanzas a leer los textos. La relación es directa, casi física, solo imagen.

Esa primera posición genera el “impacto”. Observas escenas vinculadas a conflictos sociales, medioambientales y humanos sin contexto adicional. Solo lo que la imagen transmite en ese primer golpe visual.

Y funciona. Porque te obliga a reaccionar antes de entender.

En esa primera parte me di cuenta de algo sencillo: cuando no tienes texto, buscas más en la imagen. Te fijas en los detalles, en los gestos, en el encuadre, en lo que ocurre al fondo. No tienes nada más a lo que agarrarte. Solo lo que estás viendo.

Cruzar la línea: el contacto

Después das un paso adelante. Cruzas la línea.

Desde esa nueva posición ya puedes leer los textos y acceder a la información que acompaña cada fotografía. Además, se muestra el proceso detrás de la imagen: secuencias, dudas, descartes y la decisión final.

Ese gesto físico —avanzar unos pasos— cambia completamente la experiencia. Pasas del impacto al contacto. De la emoción inmediata al contexto y a la construcción de la imagen.

A mí me pareció una manera muy clara de explicar algo que como fotógrafos sabemos bien: una fotografía no es solo el instante, también es el proceso y la elección.

Ver las secuencias y los descartes ayuda a entender que la imagen final no es casual. Hay una mirada detrás y, sobre todo, una decisión. Eso, visto desde fuera, como visitante, hace que valores más el resultado final.

Mirar dos veces

Pedro Armestre explica que la exposición no busca respuestas inmediatas, sino invitar a mirar dos veces. Después de recorrerla, esa idea queda muy clara.

Primero miras desde fuera, sin información. Luego te acercas, lees, entiendes el contexto y el proceso. La misma imagen cambia.

La selección incluye trabajos realizados en Guatemala, fenómenos meteorológicos y retratos, lo que amplía el tipo de situaciones y temas presentes en la muestra. No es una exposición centrada en un único tema, sino en una forma de mirar y de construir imágenes.

A mí me ayudó a frenar el ritmo. Entré con la cabeza puesta en la grabación y salí con la sensación de haber dedicado tiempo real a observar.

Mi sensación al salir

Yo fui por trabajo, pero salir de allí después de hacer el recorrido completo me dejó pensando en algo muy concreto: muchas veces miramos imágenes demasiado rápido.

Aquí el montaje te obliga a parar, a posicionarte y a cambiar físicamente de lugar para entender mejor lo que estás viendo.

No es una exposición complicada. Es clara en su planteamiento. Pero precisamente por eso funciona.

Si pasáis por Barcelona antes del 21 de marzo, vale la pena recorrerla siguiendo esas líneas del suelo y vivir la experiencia tal como está pensada: primero impacto, luego contacto. Mirar, avanzar, volver a mirar.

House Of Photography
Carrer Gran de Gràcia, 1
Barcelona