Muchas polémicas últimamente alrededor del periódico El País, desde el uso de fotos de banco de imágenes, al uso de imágenes montadas, pero, con artículos como el que podemos leer hoy, me sigue mereciendo la pena comprar cada mañana el diario.
Se suele pensar que la situación de los medios de comunicación, que casi siempre se identifica con crisis, está provocada por la tecnología y, por lo tanto, ésta es la causa principal, cuando no única, de la necesidad de cambiar. Esta visión tecnocéntrica simplifica considerablemente la realidad; lo que realmente está provocando esa transformación es el cambio cultural de los usuarios, de los ciudadanos, que quieren estar informados de otra forma.
Si la aparición de las nuevas tecnologías hubiera significado, como siempre ha sido, hacer mejor y más rápido las mismas cosas, el problema planteado tendría fácil explicación y, seguramente, sencilla solución. Pero en esta Revolución Tecnológica las nuevas tecnologías nos obligan a hacer cosas diferentes, porque el uso de las mismas ha variado los hábitos, las costumbres, la mentalidad y la forma de querer saber de los ciudadanos. No estamos ante un ciudadano que quiere más de lo mismo, sino ante ciudadanos que exigen otras formas distintas de ver el mundo. Hoy no se hacen autopistas, por ejemplo, porque exista la tecnología del coche, sino porque esa tecnología ha cambiado el concepto de la distancia y el tiempo, por eso se hacen autopistas o Trenes de Alta Velocidad.
De igual forma, la nueva manera de querer estar informados supone una presión mayor sobre los medios que el propio cambio tecnológico. Mientras este desafío se vive, casi siempre, como un drama para los medios tradicionales, podríamos entenderlo, por el contrario, como una enorme oportunidad para crear modelos de comunicación más democráticos y participativos, y el desarrollo de innovaciones y nuevos proyectos a los que se puedan incorporar los nuevos profesionales que vienen de una cultura plenamente digital.